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Férez

El regidor que quiso acabar con el hambre

Rafael López JimenezRafael López Giménez, alcalde de Férez durante la II República, acaba de cumplir cien años

Desde el pasado 24 de octubre, la provincia de Albacete cuenta con un centenario más. Se trata de Rafael López Giménez, natural de Férez y vecino actual de Tazona (Socovos). Nacido en Férez en el año 1908, el nuevo centenario vive desde hace varias décadas en Tazona, pero conserva sus orígenes y recuerdos y mantiene una estrecha relación con su familia de la localidad que le vio nacer.

Por delante de sus ojos han pasado la Primera y a la Segunda Guerra Mundial, conoció la dictadura de Primo de Rivera, fue Alcalde de Férez durante la II República y sobrevivió a la Guerra Civil, la dictadura franquista y a la cárcel de la posguerra.

La época que mejor y con más alegría recuerda es la II República; nos obstante, fue alcalde de Férez durante varios años y se siente «orgulloso» de su trabajo como primer edil.

Entre otras cosas afirma haber traído varios camiones de trigo desde Albacete para repartirlos entre los vecinos de Férez y de su pedanía la Alcantarilla de Jover, con lo que consiguió «acabar con el hambre antes de la guerra». Afirma que «fue y es rojo" porque le gusta la libertad y que en aquellos tiempos, en la sierra no había ninguna».

Rafael también pudo ver perplejo y con sus propios ojos cómo el agua del pantano de El Cenajo subía inundando las tierras de las mejores vegas de la Alcantarilla de Jover y cómo personas subían sierra arriba como él, huyendo del agua con sus burros mientras contemplaban sus casas y todas sus pertenencias ahogadas por el pantano franquista.

Durante la Guerra Civil lo pasó «mal» y según dice, se «hartó de comer lentejas»; después lo metieron en la cárcel dos veces por «defender sus ideas» y hoy todavía recuerda a sus «verdugos» como «si los estuviera viendo en esos momentos». De joven tuvo una novia llamada Emiliana a la que amó «profundamente», pero murió antes de que pudieran casarse, a los 25 años. Se trata de una historia de amor que no ha terminado y que permanecerá mientras Rafael y quienes le conocen la mantendrán en su recuerdo.

Enfermo de pena

Tras la muerte de su novia cayó varios meses enfermo de pena y cuando pudo superarlo, varios años después «se llevó» a Antonia, a quién él llama «la niña de sus ojos». Ya en Férez, un buen día de julio de 1942, casaron a todos los que había «arrejuntaos» y la hizo su esposa. Él la recuerda con mucho amor ya que murió en los 80. El matrimonio tuvo siete hijos y tres de ellos murieron.

Actualmente tiene a sus cuatro hijos -Encarna, Amalio, Tomasa y Jesús-, a sus nueras y yernos a quienes «quiere» como sus «hijos, catorce nietos y seis biznietos.

Como el propio Rafael dice, con su voz calmada y sabia, tiene una historia, una historia larga pero larga, ¿muy larga!».

Afirma que ha conseguido llegar al siglo a base de mucho trabajo, «bondad», comida sana de la huerta, comer «buenos marranos» y no fumar, ni beber «más de la cuenta». Ahora ve la vida cien veces mejor que antes pero dice que en la actualidad «gastamos demasiado».

Autor: M. Carmen L. Requena  

Fuente: La Verdad

 
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